En la pintura europea de cambio de siglo XIX al XX y al socaire de la gran pujanza impresionista, convivió un movimiento encabezado por Georges Courbet que algunos etiquetaron como Plainairisme réaliste, especie de degeneración quizá del último romanticismo. Uno de los seguidores aventajados de Courbet fue el pintor suizo Arnold Böcklin, que proponía en sus lienzos una apariencia de fusión quasimística entre paisajes y figuras, conceptos irreconciliables en aquel entonces.
En la poesía de Ada Salas, (cacereña, una de las primeras clásicas contemporáneas del siglo XXI), leer tan sólo sus versos empaquetados en pinceladas íntimas e intimistas, ya nos regresa a esa fusión de conceptos irreconciliables que tipos tan audaces como Böcklin presentaba. Y Salas asume con contundencia su voz de mujer y su estilo de mecánica sencillez para marcar su ‘disfagia’ anatómica que siempre trae una ‘espera vigilante’, dando vida a percepciones tan nítidas como llenas de color: amor del alma, amor del cuerpo. Puras evocaciones.
Se ha dicho ya absolutamente todo en Poesía sobre el Amor?? No es preciso extenderse en argumentos para el no. Traigamos un verso sólo de Leopoldo María Panero para discernirlo:
te mataré mañana poco antes del alba
En tanto en cuanto la sangre corra por las venas de algún humano, será posible, incluso deseable, abanderar vínculos entre palabras, lenguajes y amor. Ada Salas elige el camino más inocentemente infinito de ese desarrollo. Para eso solicita el don de la palabra.
Ví quebrarse los bosques
como espaldas antiguas
padecer los amantes el dolor de la furia
Un camino donde el destino es la huella. Una huella que Ada Salas define como huella de silencios. Noches calladas. Silencios donde ojos, manos, pechos, miradas, cobran el valor mineral de la palabra, el sonido de la furia, sin hueco ya para batallas desiguales.
Hambriento corazón, qué puedo darte?
Porque Salas es la poetisa de La sed. Sed de tránsito en la superación que María Zambrano hablaba sobre la reinvención en la Edad Moderna de la metafísica di sorpasso a Platón y su negación de la Poesía. Sed de Poesía, sed de algo interior – intacto, irredento- definitivamente no sujetable en el silencio. Y no hay mejor rebeldía de aquello de lo que, en el fondo, se está plenamente de acuerdo:
Pon un beso en mi boca.
Amense
tu silencio y el mío.
Y es entonces cuando la afirmación asertiva se transforma en modus vivendi sin concesiones a líricas hedonistas. Amor a primera piel, hombres y mujeres. Nostalgia de lo posible pero, como queríamos demostrar, de lo imposible. Vuelapluma desnuda, a lo José Hierro, dónde la retórica es ni más ni menos que un grito nunca más sofocado.
Que lo que fuera amor
no entiende de olvido
La sensualidad se hace en esto fatalismo indigente, malgré tout, como si no existiera más silencio que el mismo estrépito de ese mismo silencio, de ese lugar de derrota donde de nuevo Platón nos revierte fatum necesario: una herida limpia por donde la muerte entre, pero que nos encuentre vivos. Al menos nos encuentre vivos.
No duerme el animal
que busca su alimento. (…)
Porque una vez ya supo
de ese breve temblor bajo su zarpa.
Pero Salas no habita ni fluye en bucólicos parnasos donde reconvertidas sílfides simplemente se dejan herir de vida desde toda su muerte por obligados centauros. Nada de eso. Si Ada Salas teclea un teletipo al mundo es en el que se resume fácil el mensaje: ‘Crear es necesario. Poetar es inevitable.’ El amor, ese amor que toma animación cual estatua inerte que es visitada, (invadida?), transfigurada por el momentus magicus de una pérdida de la inocencia… Ese amor sólo es el conducto transmisor donde la voz se convierte en un sucesivo y a la vez nuevo momentus magicus del que penden esas cicatrices que nos hablan y sangran cuando el tiempo se rinde a su derrota.
Se le cataloga de minimalista y esencial a lo Valente. Personalmente pongo en duda ambas cosas. La esencia sólo es válida referida a imágenes, en este caso sí. Porque Ada, como metaforizábamos al principio, intenta en sus poemas eliminar, clarificar en todo caso, la dialéctica de conceptos irreconciliables: lo que es versus lo que no es. Y ahí es donde empieza su poesía.
No hay nadie
ya lo ves
no hay nada
y sin embargo
esto no es el silencio.
José Pastor. Febrero 2010

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